15 April 2007

La Paz de Grrothär

El blog de Marius me ha dado la idea de llevar mi propia historia en el blog. A ver qué tal...

Grrothär cerró los puños, enseñando los dientes y frunciendo todo el rostro en gesto de ira; los ojos le ardían de las lágrimas contenidas, todo su cuerpo, más que temblar, vibraba en sintonía con su rabia; su estómago era una roca, y las venas de sus potentes brazos parecían saltar, delineando relámpagos verdes que sólo acentuaban más sus potentes músculos. De súbito, como brotan las aguas abrir de un golpe la tierra, como hierve la sangre al calor de la pasión, liquido vital emanó de sus poros, y formó esferas rojas de energía en los puños del temible Rey de los Hombres-León.
SSill, el Frío, tomó posición defensiva, su bastón alzado con la mano izquierda en diagonal sobre su cabeza, y su puño derecho pegado a su costillar, listo para contraatacar.
Pero Grrothär fue más rápido: Alzando los dos brazos sobre su cabeza, dio un ágil salto, dejando caer sus brazos precisamente sobre el bastón. La energía roja rodeó el báculo de hielo, que estalló en añicos con la fuerza del impacto. Al verse desarmado, el estupefacto SSill retrocedió unos cuantos pasos.
-¡¡¡GRRRROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAARRRRR!!!- rugió Grrothär sacudiendo su melena, -¡Nadie ataca a mis generales en tiempo de paz, y menos cuando teníamos un pacto de mutua defensa!-
-Grro... thär... hablemos... tengo prue- El Rey de Hielo seguía retrocediendo mientras hablaba.
-¡¡NADA!! ¡¡El Reino de Jul'kar es mi Manada!! Nadie, NADIE, que ataque la manada sale sin enfrentarse al león alfa- dijo; y luego, golpeándose el pecho varias veces con tal fuerza que sus propias garras le sacaban sangre: -¡¡¡¡¡YO SOY GRROTHÄR!!!!-
Ssill comprendió la inutilidad de la huida, así que dijo con voz solemne: -Pactemos nuevos términos para nuestro pacto. Pero no puedo tolerar que tus generales anden por mi tierra...-
-¡¡¡ÉSTA es la Nueva Paz de nuestros pueblos!!! ¡Tú ya no tienes báculo, y no guías porque no le basta a tu pueblo la fuerza de tu brazo! Yo, en cambio, guío mientras haya en mí garras, colmillos, y vida. ¡La Paz de Grrothär será la Fuerza! Ve y dile a tu gente, que Grrothär te ha dejado sin báculo. Ve y diles que Grrothär manda que haya paz. ¡Ve, y diles que no sólo la deshonra, sino la muerte, espera a quien pretenda tomar por sorpresa a la Manada!-
SSill asintió, y dijo al gigante: -Acepto. Hagámoslo solemne.- Ambos estrecharon manos, Grrothär secretamente sorprendido de que la fuerza de su agarre no redujese a astillas la palma de su contraparte.
Sin más, Ssill dio la media vuelta y se fue.
Oro'ir, el Sombrío, caminó detrás del león, y aplaudió sus negras manos lentamente, una... dos... tres veces. -Bien hecho, Grrothär. ¿Estás consciente de que has encendido entre Jul'kar, la Jungla e Ílosan, la Tundra, un Odio? "Los Odios sólo pueden desahogarse por guerra", tal es nuestra Ley.-
-¡Pero hemos pactado la Paz, Rey de las Sombras! ¡¡La palabra de Grrothär es sagrada!!-
-Precisamente mi punto. También lo era el Báculo de Ílosan. Y tú ya has dicho que defenderás a uno solo de tus hombres como si todo tu reino fuera invadido. Los Odios se alimentarán bien este año. Comerán carne de la Jungla.- Oro'ir pareció disolverse en el aire, y desapareció.
Consciente de su terrible error, Grrothär cayó de rodillas en el piso. Sintió las lágrimas en sus ojos, y exclamó:
-¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRGHHHH!!!!!-

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