23 April 2010

Discusiones religiosas III (Ora sí, ya, les prometo que es la última... NOT!!!)

Esta vez la discusión la estoy teniendo conmigo mismo.

Ya no sé de qué sabor religioso soy. Otra vez me desconvenció el Catolicismo de mis padres, cuyos principios reconocería y respetaría si fueran realizables y asequibles.

(Es decir, uno se topa con una Iglesia que lleva 2,000 años sosteniendo la misma postura frente al sexo, que es una postura respetable... pero luego, se topa uno con joyitas como las declaraciones del Card. Arizmendi. Sí, la sociedad está sobreerotizada, pero se supone que ellos optan por apartarse de la sociedad y vivir en comunidades separadas o en casas parroquiales para alejarse de las partes negativas de la misma. Que no nos vengan a echar la culpa de Maciel.)

La Iglesia en México nos hirió a quienes entonces éramos sus fieles con esos comentarios. Me parece, en ese sentido, mucho más auténtica, valiente y loable la postura del Papa.

Pero luego, se topa uno con otros detalles, como que nos enseñan a todos que "todo pecado en materia de sexto mandamiento es grave" (y sacan por allí una cita sanpablezca), cuando el Catecismo de la Iglesia Católica dice que puede ser grave o leve según varios factores (y de entrada, excluye la masturbación del adolescente de los graves). A la mayoría de la gente que yo conozco nos han engañado. No se han tomado la molestia de utilizar los recursos que la propia Iglesia les provee para instruirnos en la fe; nos imponen a nosotros la responsabilidad de irnos enterando, pero luego, ellos que retienen el monopolio del perdón de los pecados, no se preocupan en estar actualizados sobre la "legislación" que su propia Iglesia les da sobre sus ofensas (cuando además ésta está disponible gratuitamente por Internet en al menos ocho idiomas, incluyendo el español.)

Así que los laicos tenemos la culpa de que haya curas que violen niños; no tiene nada que ver el hecho de que ellos, contra lo que dicen sus propias autoridades, le enseñen a toda la población a reprimirse.

No me gusta la idea, y eso, hace que afloren otras inquietudes que quedaban latentes de mis primeras renuncias a la fe de mis padres (y que yo, en mis sucesivos regresos, había optado por callar por humildad y aceptar las respuestas que la Iglesia me ofrecía por fe [lo cual es menos descabellado de lo que suena]):

El culto obligado, la adhesión impuesta, y la visión de la vida como una eterna batalla entre Cielo e Infierno, en la cual somos un insignificante puntito... No quiero creer que no importo, que no importamos, en el gran esquema de las cosas. Hacer lo del diario ya es grande, pero además algunos podemos hacer aún un poquillo más. No creo que eso sea irrelevante a los ojos de Lo Que Sea Que Esté Allá Arriba.

No me quiero terminar de decidir por las opciones que había tomado anteriormente; supongo que seré un "agnóstico en el clóset" hasta en tanto no decida qué rumbo definitivo deben tomar mis creencias.

Por el momento, evitaré orar, acudiré al culto para permitir que influya en mí pero con ojo crítico, y estaré observando. Cuando encuentre una corriente con la que pueda comulgar, veré la manera de adoptarla formalmente sin causar escándalo.

2 comments:

Anonymous said...

Podrías optar por creer que no existe "algo allá arriba", que un ser superior forma parte de una idea cuyo propósito es únicamente ofrecer una explicación al caos y los eventos que por azar se dan en nuestras vidas (siendo éstas uno más de estos "accidentes")... ¿o no?

Unknown said...

...Podría, pero no lo haré. No veo qué gano con ello. El caos y los eventos "asarozos" no me satisfacen, y el hecho de que creer en el azar sea una "opción", y no un hecho, me parece prueba de que no sólo existe el azar, de la misma manera que poder creer en la libertad (o no), prueba que somos libres.